...para consumir e imaginar...


Las ideas fluyen, solo hay que transformarlas.


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martes, 30 de noviembre de 2010

entre cadenas

Querido diario:
    Hoy mi perra se acercó y estiró su cuello para que le coloque una correa y la saque a pasear. Obediente. Ella feliz, sin mas preocupaciones que caminar unos minutos por la calle para hacer sus necesidades y volver. Ida y vuelta, y así era todos los días. Correa, caminar, volver, dormir, comer, dormir y volver a la correa. Mientras tenga comida en su plato todos los días será feliz.
    No se pregunta mucho por su existencia, ni que hay mas allá o menos acá, cuanto tiempo le queda de vida, ni por que llueve cuando llueve o por que el mar esta abajo y el cielo arriba, y no al revés (o al menos nunca me hizo saber si se las preguntaba).
    En fin, día tras día pasa su vida, sin mas preocupaciones, y esperando solamente que llegue la hora en que tiene que estirar su pequeño cuello para ser encadenada. No se porque esta misma historia me suena tan familiar. En este momento no puedo recordarlo...
    Mas tarde, estando afuera de paseo con ella, pasó un auto haciendo chirriar las ruedas sobre el asfalto. No era para alarmarse tanto, pero ella se puso eufórica y salió a ladrarle compulsivamente. Siempre pensé que los perros (como lo demás animales, cada uno con su sonido) necesitaban ladrar para descargar su impotencia de no poder comunicarse con los demás. Un coagulo acumulado, resistiéndose a la libertad, imposibilitado, encadenado, y que estallaba cada tanto dejando salir ese sonido molesto, esa ira sin sentido, encadenada.
    Es una molestia esto de no saber bien a que me suena esta historia. Siento un dejavú al escribirla. Luego le preguntaré a mi padres a ver si saben, a ellos también les debe sonar.
    Me gustaría algún día poder conversar con mi perra, ver cuales son sus inquietudes en la vida. Si alguna vez se las preguntó o si solo espera que pase su vida, mientras tenga para comer y pueda encadenarse voluntariamente a alguien que la saque a pasear todos los días. No deja de ser mas que un animal, como yo. Quizás tengamos mucho para hablar.


.por tomi

La noche entre los árboles

Bajo una inmensa capa de niebla oscura e intocable, se abrazan las raíces de los árboles de la noche que dibujan sobre el cielo. Lo inundan de estrellas tranquilas, como pecas que se soltaron de la cara de la luna en busca de protagonismo, que solo los vivos del planeta pueden amar cuando la luna está en sus días. No hay dudas, ellas sienten la competencia con las demás estrellas. Entre sí, se sostienen de los rayos de Febo durante la tarde y al llegar el ocaso se revelan ante todos los horizontes desafiando a los músicos del asfalto.
¿Cuántas veces pedimos deseos a una estrella fugaz y cuántas otras pasamos por alto el vuelo danzante de las flores del jacarandá?
Tanto odiamos el día que nos despertamos de noche; tanto es que nos lo hicieron odiar, y al sol que nos da esperanzas, que ahora paseamos esclavos bajo las sombras de lo que hicieron con nosotros.
¿Para qué soñar con ir a las estrellas si nunca las vemos más cerca que nuestra propia nariz? Las conocemos desde una pantalla intocable. ¿Y si fuera una televisión de cobertura mundial? ¿Y si las estrellas no nos aman? Lejos estamos de soñar en vano, pero a medida que nos despegamos del amor conocido, del cariño fresco, de la pureza en el oxígeno, más nos olvidamos de la sabiduría de los árboles, que en la noche mil estrellas cosecharon y mil más conocerán. Mientras más aprendan, más ramas le saldrán.


Por Guido.